Mediación comunitaria
En un mundo cada vez más globalizado donde es habitual la convivencia entre integrantes de colectivos con distintas formas de sentir, con distintos valores y principios, la mediación comunitaria es la forma más adecuada de devolver la paz social cuando ésta se ve perturbada.
Todas las culturas tienen en su acervo la búsqueda del mayor bien social. Lo que distingue a unas de otras es la forma de llegar a él o la propia concepción de ese bien. Así, encontramos sociedades más secularizadas frente a otras en las que el papel de la religión tiene un peso mayor en el devenir de la misma; también podemos observar la existencia de culturas más patriarcales frente a otras en las que la igualdad de género se va abriendo paso; sociedades en las que el concepto de la solidaridad implica una mayor intervención estatal frente a otras en las que se deja al libre arbitrio de sus miembros, etc.
Estas diferencias se traducen en conflictos, principalmente, entre diversos grupos sociales o entre un grupo social y la administración. Es por esto por lo que muchas veces es necesaria la mediación comunitaria.
Por ello, cuando, como ciudadano, te halles inmerso en lo que percibes como un conflicto por razones de pertenencia a distinta raza, etnia, religión u otra diferencia análoga o si, como gestor de la Administración Pública, quieres fomentar el acercamiento de un colectivo a un servicio público como puede ser el sistema público sanitario para una eficiente promoción de la salud en el conjunto de la sociedad, la mediación comunitaria te ofrecerá el marco más adecuado para establecer el diálogo entre las distintas partes en conflicto.
Y también en la búsqueda de una mayor paz social, la mediación comunitaria puede ser y de hecho es el camino más adecuado para superar la discriminación que algunos colectivos padecen al hacer partícipe al resto de ciudadanos de los problemas derivados de esta discriminación y que muchas veces desconocen, facilitando así la empatía y, por tanto, una mayor igualdad.



